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El Cascabel de Jorge Millones

Jorge Millones

Jorge Millones

Entrevista publicada en La Higuerilla

El trovador peruano Jorge Millones ofreció una entrevista a ‘La Higuerilla’ donde conversamos sobre su nuevo CD-Libro ‘Cascabel’. Este viernes 10 de agosto inicia la gira en Cusco. “Es para mí muy simbólico, porque mucha gente cree que nací en Cusco pero soy de Lima, me fui a seguir un amor y me quedé por allá. Además, ‘Cascabel’ ha sido escrito allí, entonces es lo mínimo que puedo hacer para darle las gracias a esa tierra”, nos dice el trovador. Luego, estará en Abancay, Arequipa, Lima y terminará la gira en Cajamarca.

Por Juan Mauricio Muñoz – Fotografía: Nadia Cruz

Cuéntanos, Jorge, tú eres un conocido trovador pero tenías escondida esa vena literaria. ¿Cómo nació la idea de hacer un CD-Libro con tu obra ‘Cascabel’?

Hace cerca de cuatro años, decidí dar una oportunidad a esto que yo he llamado juglería social, es la manera de contar historias propias y ajenas en un contexto social y político. Empecé a ordenar y sistematizar las canciones pero el problema es que mientras iba tratando de discernirlas, empecé a tener recuerdos y por eso los escribía colateralmente.

Iban a la par tus canciones con las historias.

No pensé en armar historias. Se fueron armando solas. En determinado momento, me di cuenta de que escribí un montón. Así nació esa idea. Pensé en producir libros que complementen y ensanchen mis canciones, y tratar de pegarme lo más posible a la realidad de esos contextos. Yo no soy escritor, aunque vengo de la filosofía y las ciencias sociales.

Claro, porque estudiaste Filosofía en San Marcos…

Así es, pero aquello era muy distinto a relatar, imaginarse y ficcionar historias. Creo que al final no quedó mal lo que hice. Procuré dárselo a mucha gente que entiende sobre esto y me alentaron a seguir adelante. A ellos, por si acaso,  los libero de toda responsabilidad.

En tu libro hay una crítica muy fuerte a los medios de comunicación que desinforman a la población, ya que para ello todo lo que uno hace cuando defiende su tierra es “Terrorismo”, tal como escribes en ‘La Bestia existe’ ¿Cuándo crees que exista una prensa libre y sin ataduras bajo el dominio capitalista?

Creo que bajo el domino capitalista es imposible, sin embargo, creo que dentro del capitalismo hay resistencias interesantes y salidas creativas.

¿Cómo cuáles?

Por ejemplo, ustedes. No me estarían haciendo una entrevista, si no fuera un espacio alternativo y una salida imaginativa a lo que tiene el poder. Hace un buen tiempo, vengo reflexionando sobre estos temas, y creo que los artistas populares, los comunicadores alternativos, la gente que en verdad quiere retratar y ser honesta con el oficio de comunicar, en el cual me incluyo, busca relevar ese ámbito de la realidad que es invisible a los medios de comunicación, para que exista un contrapeso y el ciudadano tenga el derecho de tomar una decisión informada. Tiene que ver, en cierta manera, con el capitalismo, ¿qué es la noticia?: una porción de la realidad convertida en mercancía. Pero tiene que ver, sobre todo, con los valores y la honestidad. Hay gente que no comulga con mi posición política pero que, profesionalmente, quiere ser honesta con su trabajo. Para mí eso, es la entrada necesaria para el diálogo.

También criticas muy fuerte a los que alguna vez fueron revolucionarios y ahora prácticamente se olvidaron de ello. Pienso en ‘Así eras tú’ que se trata sobre una chica que en su juventud fue muy revolucionaria y ahora es parte del sistema capitalista. ¿Existió esa mujer, quien fue tu amor en la juventud y la viste en un concierto años después o quisiste utilizar como metáfora este ejemplo?

No soy tan viejo (risas). De alguna manera, sí. Varios de los personajes de mis canciones y las historias existen, pero no existen al cien por ciento como están descritos allí. Es una mezcla de varias personalidades, situaciones y matices. Como decía al comienzo, es necesario en este ejercicio de la ficción, ponerle como en la cocina, sus ajíes y sus pimientos, sino no es rico. Sé de mucha gente que sus afectos se desmoronaron cuando se enteraron que las personas que quisieron en una época militante, sobre todo en los años setenta, se pasaron a la derecha en los años noventa, con el fujimorismo a cuestas. Con la caída del Muro de Berlín, no cayeron solamente las ideas políticas, cayeron, también, un conjunto de expectativas personales. Pienso que la decepción, que trato de recoger en ‘Cascabel’ es lo más real posible y compleja. Es decir, nadie se pasa a la derecha de la noche a la mañana, tendría que ser una persona muy “esencialmente traidor”, y no existe alguien así. Creo que todo empieza con un proceso de ruptura, hay una suerte de paulatino envilecimiento de la interioridad humana para que en determinado momento pueda sucumbir a la tentación de cambiarse de bando. O simplemente, algunos se convencieron que la izquierda siempre fue un error y que la derecha es la salvación, que para mí es un modo de fácil fundamentalismo, entonces a ellos no tendría porque acusar de corruptos o traidores, simplemente ellos creen en eso. Pero hay gente que es cínica, y esa es la mayoría. En el fondo saben que este sistema no es la salida para mejorar las cosas, pero lo hacen y asumen para mejorar su situación personal.

En la historia ‘Oe ¿qué?’ Pepe Ramos y Juan Mamaní representan al verdadero pueblo, esos que salen a la calles y a las manifestaciones como sucede con ellos en la ”Marcha de los Cuatros Suyos”, mientras que el grupo de “punks” solo se dedican a llamarlos alienados, ¿se podría decir que estos últimos son los ‘intelectualones’ que jamás van a salir a marchar y que solo son los famosos ‘militantes virtuales’ de ‘feisbúk’?

Hay de todo. Pienso que las cosas tienen su cuota de complejidad. No es blanco, ni negro, totalmente. Ese arco de grises que he procurado reflejar en ‘Cascabel’, tiene que ver porque algunos suelen pensar que los ‘caviares’ deben ser pitucos, así como los más “bolches” y revolucionarios tienen que ser pobres, y no es así. Creo que hay de todo. Me fastidia un poco la denominación ‘caviar’, sobre todo en el Perú, donde no existe, no hay una clase media alta ilustrada que sea ‘caviar’, ni a huevera llegan. Acá podríamos hablar de gente cínica y gente comprometida.

Esos dos bandos: gente cínica y gente comprometida. Y en ese punto, no hay mucho que discutir. Es como tú dices en la historia ‘Oe qué’ está claro, los “punks” le dicen alienados

Pero de algún modo, quizás lo sean, son gente del pueblo y escuchan la radio y ven televisión “alienadamente”. Sin embargo, salen a la”Marcha de los Cuatro Suyos”, entonces eso es complejo. Ellos no han escuchado a Víctor Jara, Silvio Rodríguez o a Violeta Parra…

Ni a Jorge Millones…

Por supuesto, e hicieron bien, por eso fueron a la marcha (risas).

No sé si me equivoque, pero el Hombre que progresa, palabras que utilizas metafóricamente en tu libro, ¿es el capitalismo en el cual está inmerso esta sociedad y del cual no quiere salirse por el miedo que le dan el gobierno y los medios de comunicación?

Sí, esa es una de las lecturas. He procurado emplear mucho la metáfora para crear posibilidades polisémicas. Se ha planteado como una crítica al desarrollismo.

Está el Hombre del desarrollo, también.

El desarrollo de alguna manera es el hombre de la ciencia, es decir, de la razón. Hay un título de uno de los cuadros de Goya muy interesante que dice: el sueño de la razón engendra monstruos. El sueño de la razón lo puedes entender de dos maneras: la modernidad radicalizada y desbordada cuyo progreso y desarrollismo han terminado destruyendo los ecosistemas posibles, o la razón se durmió y, justamente, en ese letargo, los demás han hecho lo que han querido.

Eso es lo que sucedió en Bagua.

Sí, yo creo que el discurso de Alan García, “El Perro del Hortelano”, es justamente ésta razón desbordada, es como soltar a un cancerbero que empieza a morder, y esa es la bestia, el sistema cuando reprime, aplasta lo que esté por delante, incluso a su propia gente. La muerte de policías, por ejemplo, es la bestia desbordada.

Esa lectura que tú haces en tu libro cuando el policía se pregunta por qué va a atacar, si estas personas en Bagua no han hecho nada malo, pero una vez que está allí, disparando, ya no le interesa.

Y también le dispararon a él ¿Qué iban a hacer los indígenas en esa situación? Pues defenderse de las balas. La reflexión previa, de alguna manera, apunta a que lo másd importante se hace antes de que se dispare. Yo sé que hay policías que  han tenido esas reflexiones. Mi padre fue policía y renunció cuando empezó el conflicto armado interno. Decía que con el sueldo que ganaba, no iba a exponer su vida por un sistema en el cual no creía. Yo pienso que hay muchos policías así, que se preguntan, qué vamos a hacer. Pero hay otros que ya están allí, y se necesita una cuota de cinismo para traspasar esa línea y pueden jalar el gatillo mil veces.

Es como la pobladora de Cajamarca cuando le pregunta al policía por qué los tratan así, y este responde: porque son perros, conchetumadre.

Estoy seguro que ese tipo no solo piensa que los provincianos somos perros, sino que no me sorprendería que sea del tipo que recibe ‘coimas’. Yo tengo una canción que se llama ‘La Navidad de Pepe Ramos’ que no está en ‘Cascabel’, sino en el disco libro que viene que es ‘Amaneceres’, y cuenta la historia de cómo este personaje trasgrede y se vuelve un ladrón. Pero el hecho de robar es muy complicado, porque él no quiere volver a hacerlo, no se ha quemado por dentro, todavía, a diferencia de los que reciben siempre coimas. Además, lo que ha robado Pepe Ramos lo reparte en el barrio como Robin Hood y yo dudo mucho que este señor uniformado que le menta la madre a la cajamarquina pueda cometer un acto de solidaridad como ese.

Además, en tu libro hay una historia que no las escribes tú, sino Manuel Acosta Ojeda sobre Felipe Pinglo que cuenta la historia del Pinglo revolucionaria ¿Por qué decidiste incluir en ‘Cascabel’, la historia de Manuel Acosta Ojeda?

En realidad, incluí la historia que Manuel cuenta. Yo recuerdo a Acosta Ojeda en Saycope (Sociedad de Autores y Compositores) contando una anécdota de tradición oral que él había recogido de Lima, cuando en los años veinte, se encuentra Pinglo con los anarcosindicalistas y la figura de (José Carlos) Mariátegui en un debate, eso lo transmito en una canción (‘En una noche estrellada’). Me parecía interesante como en esa época se encontraba en una misma generación tanta cantidad de gente. Es como si los mejores futbolistas de la historia estuvieran en un mismo equipo. Creo que Pinglo, de alguna manera, lo había intuido y lo sentía. Por supuesto, esas personas generaron una revolución. Entonces, yo debía contar eso. Es como un periodista que se encuentra con la noticia y si es deliciosa, no la va a soltar, la tiene que contar.

En la historia, Manuel Acosta Ojeda cuenta que se prohibió ‘El Plebeyo’ de Felipe Pinglo durante el gobierno de Óscar R. Benavides…

Claro, se prohibió ‘Plebeyo’. Era una historia deliciosa, por eso la incluí. Es una cita textual que circula en Internet y que Manuel ha promovido. Yo, más que nada, hice la canción, porque me considero un pinglista. Soy algo como un neopinglista, procuro continuar las semillas que Pinglo dejó, no en la formalidad pero sí en la actitud ante la canción. Él es el padre del criollismo, pero cuando él empezó a componer canciones no existía la música criolla, entonces era un eclético, él funda una tradición. No me parece bien que lo anquilosen en esto que se llama “la música criolla”, que para muchos gobiernos es, más que nada, un género institucional. Yo adoro la música criolla porque mi familia era criolla. Pienso que el criollismo no es igual a la música criolla. El criollismo es una cultura mucho más profunda. Para mí el criollismo está en Los Mojarras, en Chacalón, en Los Shapis. Esas paulatinas oleadas de nuevas fusiones, de búsquedas y afirmaciones de nuevas identidades y de transformación de la urbe. Procuro seguirlo y recogerlo. ¿Por qué meter a Acosta Ojeda? Por todo lo que he nombrado, porque me da la posibilidad que la gente se entere de esa historia. O sea, encontrarse a los hermanos Lévano con José Carlos Mariátegui y Pinglo mirando eso: es impresionante.

¿Cómo nació la composición de ‘Canto América’, ya que recorres personajes e historias revolucionarias?

En el año 2000, acabada la Marcha de los Cuatro Suyos, nadie sospechaba que (Alberto) Fujimori se iba a ir tan pronto de la presidencia. Más bien, todos estábamos seguros que se iba a quedar. No teníamos conciencia del impacto real que causó esa marcha. Habían pasado dos semanas y sólo estaban los medios de comunicación comprados, no había Internet como ahora, había sólo sensaciones. Todos los que asistimos a la marcha compartíamos verbalmente lo que ocurría alrededor de Lima, si hubieran existido ‘feisbúk’ o los mensajes de texto, nos hubiéramos demorado menos (risas). Pero no había, así que la incertidumbre duró un poco más, sino, hubiéramos presionado con otra marcha al toque.

Una suerte de ‘Ensayo sobre la ceguera’ de José Saramago…

Eso mismo. Andábamos un poco a tientas. Yo tenía información que a varias personas querían desaparecerlos. Como buen sanmarquino, la paranoia es nuestra característica, así que por las dudas, me fui a Colombia. Cuando regresé por Ecuador, hubo un encuentro continental, que después se llamaría el Foro Social Mundial. Nos tocó ir a la base militar estadounidense que estaba en Manta (Ecuador). Después de toda la jornada de lucha, recuerdo que había muchos compañeros colombianos que regresaban a su país, había como una nostalgia, y se me cayó una lágrima. Y, justamente, empiezo con esa frase: Hoy se me va a caer una lágrima colombiana. Esa frase se me quedó en la cabeza durante muchos años, y en el 2003 escribo ‘Canto América’, recordando aquellos hechos, de un grupo de jóvenes de Latinoamérica yendo a un país tan pequeñito como Ecuador a defender la autonomía. Por otro lado, la bronca que tenía que cada vez que subía a cantar, todos me pedían ‘covers’ de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, porque no estaban enterados que en Perú también hay trovadores. Además, los trovadores tenemos amigos escritores, políticos, cantantes entonces mencioné a mis amigos como Daniel F  y a Rafo Ráez que cantan en el CD.

Me gusta mucho como combinas el amor con la revolución, como por ejemplo ‘Ese beso’ y me recuerda mucha tu canción ‘Amaneceres’. ¿Por qué juntar estas dos vertientes, y unirlas en un solo canto?

Allí si tengo que reconocer esas influencias directas de Silvio Rodríguez. Para mí, la influencia cuando uno la recibe es porque hay un caldo de cultivo para recibirla. Cuando estaba en la facultad de Sociales en San Marcos, me enamoré locamente de una militante y era muy fácil que combine esas dos cosas porque era mi situación. Por eso, cuando comencé a escribir, ya tenía esa impronta, quizás es la influencia que ha hecho la trova cubana en mí.

Tienes una relación muy estrecha con el filósofo Zenón Depáz, en el libro cuentas que los perseguías para hacerle muchas preguntas.

Yo no era muy aplicado que digamos en la Facultad. Leía mucho, pero no en el salón. Eran años complicados. Hay que recordar que las universidades públicas fueron tomadas por el ejército. Es inaudito como una universidad que supuestamente vive en democracia, como lo decía Fujimori, tenía los tanques adentro. O es una dictadura o esto no es una universidad. Yo creo que fueron los dos: una dictadura y no una universidad porque comenzaron a botar a los mejores profesores, y dejaron a agentes de inteligencia como profesores, que no enseñaban nada. El único que resistía entre otros era Zenón Depáz. En el homenaje que le hago, no sólo se lo hago a él, sino a muchísimos que se la jugaron y eso lo valoro. Yo fui alumno de él y luego hemos sido buenos amigos. Cuando ingreso a la universidad, no era precisamente de izquierda, era más de derecha, y empiezo a cambiar porque me enamoro de esta chica que era militante y mis afectos comienzan a volverse de izquierda, lo cual creo que es importante, para que luego las ideas encuentren tierra fértil, y esas ideas fueron las que aprendí con Zenón. Creo que él debe haber sufrido mucho conmigo porque yo no, necesariamente, preguntaba para polemizar y tuvo la paciencia para responderme.

Ahora es tu compadre

Sí, ahora es mi compadre.

Finalmente, Jorge, ¿qué opinas del gobierno de Ollanta Humala?

Estoy triste. Constato otra vez que las transformaciones no vienen por arriba. Pero creo que todavía soy joven y me conmueve. Es como una raya más al tigre de tantas decepciones.

Zenón Depáz escribe en ‘Cascabel’ que tras la victoria de Ollanta Humala en las elecciones presidenciales del 2011, la gente estaba cantando canciones de Jorge Millones, y en un asterisco, aclaras que ese día Humala se erigía como el nuevo presidente del Perú, sin embargo, seguíamos en lo mismo.

Y cuando escribí eso, todavía no ocurría lo de Conga. Pienso que hemos elegido a una persona para una cosa y terminó haciendo otra. Es mentira que la Gran Transformación y la Hoja de Ruta sean cosas diferentes, eso dicen los medios de comunicación, y es falso. Lo único que dice la Hoja de Ruta es un compromiso con la democracia, y lo primero que ha hecho este señor es romper este tratado. Ha llenado de fujimoristas este gobierno. Ya se fue uno, el más célebre: Óscar Valdés. Entonces, tú dices yo he hecho campaña, voté por la Hoja de Ruta y ha metido hasta ministros montesinistas. Adrián Villafuerte ha trabajado con Montesinos, entonces los que votamos contra Keiko Fujimori, no necesariamente por Ollanta Humala, nos damos cuenta que nos ha traicionado porque están refujimorizando el gobierno. Eso es muy grave. Para no ser tan estrictos y sorprendernos como está puesto a Luis Miguel Castilla, el ministro de Economía, que viene del régimen anterior. Como dicen ahora, ésta es la Gran Continuación.

Pero mi exhortación no es tanto tener expectativas del Gobierno, sino empezar nosotros desde abajo. Construir organizaciones desde los barrios y comunidades y no esperar solamente a las elecciones, como tristemente hemos visto. Se acabaron las elecciones, el Partido Nacionalista ganó y se convirtió, como muchos partidos, en un service de empleo con colas de gente yendo a pedir trabajo. No solo es culpa de los dirigentes, también es culpa de las bases, entonces no nos quejemos, asumamos que también es nuestro error.