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Un disco y un libro completamente subversivos

Javier Mujica

Javier Mujica

Javier Mujica

Lo primero que llama la atención en este libro/disco es que está bien hecho, que sobresale por su calidad, que no ha sido hecho “por hacer”.

Es subversivo por su forma, porque subvierte una forma muy peruana de hacer las cosas, que es hacerlas mal. O, prevalecientemente mal: perezosa o descuidadamente, incompleta, inercial o reiterativamente. Poco seriamente.

Que cosa diferente podría decirse de la “gran transformación presidencial”, de la pasada “Operación Libertad”, del “rescate de los pioneritos”, del papelón ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos con ocasión de la sentencia del fujimorista Villa Stein, del orgullo por la reducción de la pobreza y la extrema pobreza en menor proporción que otros países de la región que han crecido menos que el Perú, de nuestra persistente insistencia en competir por los últimos lugares en materia de desarrollo social.

Manuel Prado decía que”En el Perú hay dos tipos de problemas: los que se resuelven solos y los que no se resuelven nunca“. Una manifestación freudiana de la percepción que las clases dominantes tienen respecto de su responsabilidad frente a las urgencias de la sociedad con que conviven. O sea ninguna.

Lo malo de ser presidente del Perú es que tienes que dejar de vivir en París”. El país ha sido conducido por clases dominantes pero nunca dirigentes. Pobladores ocasionales de este territorio, que cambiarían por otro si pudieran. Viviendo un mundo aparte; incapaces de contentarse con menos que con todo. Rentistas, mercantilistas, poco dispuestos a agregar valor para valorizar la propia fuente de su riqueza.

Pero no solo pasa con los de arriba. La falta de democracia, el autoritarismo, el machismo, la falta de originalidad, el seguidismo de los modelos generados por otros y la flojera por hacer las cosas como se deben hacer, no solo constituye patrimonio de los enemigos del pueblo. También circula en nuestras filas, y vapulea reiteradamente nuestras esperanzas.

La nuestra es una forma peruana de hacer las cosas en la que, no obstante, conviven muchas formas. Una de ellas se alimenta de la creatividad, la constancia y un alto sentido de responsabilidad que define la forma como muchos de los que nacieron sin que nadie depositara nada en sus alforjas se abre camino en este infierno. Para lo grande y para lo chico, como si todo fuera importante. La revolución, la forma como amamos y los trabajos que entregamos a los demás.

Hay que reivindicar el carácter subversivo de ese temperamento, y este libro/disco es un manifiesto en esa dirección.

Pero el CD de Jorge Millones es subversivo también porque a pesar de su eclecticismo musical, desarrolla todos los géneros musicales que aborda – y no son pocos – los trata con suficiencia de especialista. Y así, en el disco conviven sin problemas la trova, el rock, boleros aflamencados, orishas caribeños, sayas y valses de repique, punta y taco sin mayor problema.

Porque ese es otro rasgo del disco y del libro que lo acompaña (y viceversa): su capacidad para convocar, para reunir y sumar. Y este es, en cuanto su contenido, igualmente subversivo.

En una época en la que lo dominante es la acentuación de la diferencia y la división, Jorge Millones une con frenesí: no solo géneros musicales y estilos narrativos; también la costa con la sierra y la selva (los múltiples “retazos de mi país”); a todos sus amores (a los que deja vivir pacíficamente en un mausoleo, “el cementerio de sus penas”). Y a la mayor parte de ellas (me imagino que a todas menos la última) las consiente y mantiene con él como parte de su historia. Incluso con alguna – radical y revolucionaria en sus años juveniles – que se cambio de bando y sustituyo las asambleas populares por las ONGs o el Banco Mundial. Incluso a ella le ofrece la oportunidad… de recordar.

En alguna ocasión incluso, (en los cuentos del APACHIDO – que es el nombre de una conocida canción de Piero Bustos, cantante de “Del Pueblo del Barrio” – o LA VENGANZA en que un amigo suyo, real o figurado, Juan Mamani, acaba enrollado y en chupeteos con una alpaca), convoca y reúne a la vigilia y su otra cara que es el sueño, disolviendo las fronteras que separan a una y otra región.

El disco – y también el libro – convoca y rinde homenaje a luchadores de distintas regiones y tiempos (por ejemplo a los defensores de la Pachamama en la sierra y la selva y a los anarcosindicalistas de los años 20; a los infinitos creadores de toda nuestra América Latina que hacen parte de nuestra memoria cultural.

Libro y disco son un manifiesto por el “gobierno del amor” y una revolución que sepa a besos, revuelta popular, abrazos y barricadas. De esta manera se exhiben nueva e impudorosamente como subversivos. Primero, porque siendo expresión de un artista que se define como de izquierda, y que no se olvida de la lucha popular, se aparta de las rigideces escolásticas y acartonadas de lo que alguna vez alguien llamo “canto popular”. Y en segundo lugar, porque cantándole al amor, las canciones y escritos de Millones son un poderoso llamado a construir el poder popular. Un llamado que se siente cerca y propio, en vez de acartonado y distante.

Uno de los cuentos contenidos en el libro se llama “Sorpresa Irrevocable” y me hiso acordar a Joan Manuel Serrat cuando decía que “la vida a veces nos regala un beso en la boca”. Millones sostiene que los besos son sorpresas irrevocables; y que también través de ellos puede uno enterarse de a qué sabe una revolución. Porque una revolución que se limite a ser solo una revolución, como dice Scorza en un epígrafe al inicio del texto de Millones, dejaría de ser una revolución.

Los relatos, cuentos y las canciones de Millones trasuntan la frescura que aportan las vicisitudes de la vida cotidiana. Las de los que luchan por sobrevivir el día a día o por cambiar sus condiciones de existencia y las de los demás, es decir las de todos. Y esas vicisitudes no están teñidas solo de dolor y pena, puesto que anida también en ellas un fuerte componente de esperanza e ilusión.

Millones inicia sus relatos con la mención a una niña que, no obstante que no cesa de llover, sigue subiendo una cuesta para encarar – como otros personajes que aparecen en otros relatos del libro – a un hombre “que cree que progresa” aniquilando todo lo que le da fundamento a nuestra vida.

La esperanza e ilusiones que encarnan muchas de las historias recogidas en el libro, o en las canciones, nacen de épicas personales y colectivas, enormes y diminutas, que muestran que cambiar nuestra situación es siempre posible. Que hay que estar alertas porque “la lucha popular camina por toda América Latina”; y que la felicidad no es enemiga del espíritu combativo. Es recurso de unidad, de sentido de comunidad y de esperanza.

Todos hacen la historia pero pocos pueden escribirla: Jorge Millones la escribe y canta en nombre de todos nutriendo la memoria. Uno de los últimos relatos de su libro nos habla de la historia de Zenón Depaz, que en realidad es la de la parábola de un personaje real – Zenón, el maestro de filosofía del autor- en el que encarnan esas existencias comprometidas en las que la forma y el contenido se juntan.

Eso hace Millones cuando libera sus canciones de la cárcel de los repertorios dogmáticos y les permite alimentarse de la vida, del mito y, de cuando en cuando, de una pizca de hedonismo. Haciendo de la lucha por la verdad el testimonio de un listado de razones para ser felices. Hacer las cosas bien, incluso el cambio social y el compromiso revolucionario, de una manera que vibre y que haga vibrar. Para celebrar la vida y la dignidad. Para ser Millones, y cantar que insistir vale la pena y que solo así es posible vencer. Porque seremos millones y venceremos.