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La vida se prolonga a condición de diversificarse

Zenón Depáz Toledo

Jorge Millones premunido de este Cascabel, abre y crea un espacio de encuentro de lo diverso, desde la diversidad, es decir, desde la polifonía. Esto se puede notar fácilmente fijándonos en los registros a los que esta obra apela, que van desde la escritura, pasan por la imagen, recurren a la música, etc… Y en cada uno de estos registros a su vez, la escritura va desde la metáfora, vinculada al ritual, al mito y hasta el elemento conceptual también presente (la obra cita a Foucault, por ejemplo). Las imágenes son muy diversas: hay fotos, dibujos, caricaturas, entre otros, y la música obviamente, la vamos a compartir luego, y abren una amplia gama de géneros que van desde el vals con reminiscencias a los Barrios Altos, hasta el rock urbano contemporáneo. Lo mismo en cuanto a la diversidad de referentes, porque desfilan por aquí la Tierra, los Hijos de la Tierra, policías, delincuentes, pobladores, estudiantes, nativos, deidades, etcétera. Esto seguramente han podido notarlo ya quienes han tenido la suerte de revisar este material.

Y es que Jorge Millones, asumo yo, lo que nos está diciendo es que la realidad (“lo que es”, como se diría en filosofía), la realidad es diversa. La vida se prolonga a condición de diversificarse. No obstante, en los cuatro epígrafes, que también son bien diversos encontramos a Edmund Burke, Manuel Scorza, Túpac Catari, Eduardo Galeano, como pueden notar, diversos también en cuanto a registros,      hombres modernos, no modernos, un reaccionario como Edmund Burke, políticamente hablando, un revolucionario como varios de los que ahí parecen, en fin. Decía que estos epígrafes, nos introducen, sin embargo, a un elemento que hace parte esencial de la diversidad, y es una suerte de ambigüedad que le es intrínseca: lo diverso puede ir por el lado de la dispersión, por el lado del disenso, del desencuentro. En última instancia hablando de la entropía, de la realidad en su conjunto, que se supone conduce en la muerte térmica del universo. Por el lado del desencuentro, del disenso.

El epígrafe de Edmund Burke dice: “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombre buenos no hagan nada”. Queda abierta esa posibilidad por tanto, de la diversidad como dispersión. Pero también dice luego Eduardo Galeano “Para que escribe uno sino es para juntar sus pedazos” y una canción de Jorge dice “estoy juntando retazos de mi país” y habla de juntar muchas otras cosas más, como nos junta a nosotros ahora. En tal sentido, la diversidad puede ser también el elemento del consenso, del diálogo en el sentido genuino, de este sentido además antiguo. Diálogo, como sabrán ustedes, literalmente en la lengua de la que esto proviene, el griego antiguo, significaba algo así como: el vocablo “dia” es como ponerse en movimiento, entonces, es el “logos” en movimiento. Logos que alguna gente traduce como razón, palabra, el elemento del encuentro puesto en movimiento, y en tanto circula, nos conecta y nos hace participar de una realidad. Recuerdo por ahí que Heráclito, hace unos veintiséis siglos, dijo algo así como “el que duerme se sumerge en un mundo propio privado; pero los que estamos despiertos (y se refiere a estar despiertos, atentos y comunicados) compartimos un mundo común”. Ese mundo común se sostiene en el “logos” que circula, esa es la idea originaria del diálogo. Entonces ésa posibilidad también está aquí, en Cascabel, pero el diálogo tiene además connotaciones éticas, constituye una apuesta ética, la apuesta por, partiendo del disenso, construir consensos, tiene por tanto un sentido ético-político. Y en última instancia, yo diría, se sostiene en una apuesta moral, que es una apuesta, digamos, “amorosa” por juntar lo diverso. Porque finalmente, eso es la vida y la vida es potencia, es poder.

Más adelante, por la página veinte, entramos de lleno en la temática de este material, en sus diversos formatos, también en su formato musical. Creo que algo recurrente aquí, y recurrente en Jorge con quien converso con frecuencia desde hace mucho tiempo, es su comprensión de que nos hallamos en un presente frente al cual se abren rumbos civilizatorios. Estamos ante posibilidades de vida o de muerte también, en todo caso, estamos siempre confrontados ante la necesidad y posibilidad de apostar por ciertos sentidos de vida, aquel por el que Jorge Millones apuesta es por el de la diversidad incluyente, ciertamente, como lo acabo de señalar. A este respecto, bajo el título “Tres campanadas, tres mensajeros, tres avisos, tres sordos” (desde la página veinte) distingue, es esta suerte de disyuntivas civilizatorias, por una lado, metafóricamente, al Hombre que Progresa, un tipo muy común y dominante ahora en este mundo gobernado por el “mito del progreso”, que camina con la seguridad del sonámbulo, aunque probablemente con esa seguridad esté caminando hacia el hoyo. Porque finalmente, como decía algún grabado de Goya, “el sueño de la razón engendra monstruos”, y ciertamente, los puede generar también.

Y justamente, Jorge en esta página que tengo a la vista, habla del monstruo del desarrollo, omnívoro, que lo devora todo, no deja nada que sea diferente, todo lo convierte en “recursos”, es decir, en algo que está ahí para ser utilizado con vistas a su mayor productividad. La naturaleza que era la madre universal se ha convertido en “recursos naturales”, el hombre se ha convertido en recurso humano, en “capital humano”, el conocimiento viene a ser un “recurso”, el tiempo viene a ser un “recurso” y no un don compartido como este momento, sino un “recurso” que hay que optimizar.

Pero por otro lado, aparece aquí también el Hombre que conversa, el hombre que dialoga, como había ya señalado antes, el hombre que atiende señales, también las señales que envía la tierra como, dice más adelante por la página 66, asumiendo que la tierra habla, nos habla, habla para quienes saben entender sus señales. Es un Sujeto no un objeto como supone este Hombre que progresa. Por tanto, en este diálogo se abre la posibilidad de otra inclusión, no la inclusión del Hombre que progresa, que es en realidad una “inclusión excluyente”. Se abre un diálogo con todos los sujetos, porque todo es Sujeto en esta perspectiva y en todos los registros, como Jorge mismo lo ha hecho aquí. Quizá por eso él se pregunta luego: “No sé porqué los filósofos se preocupan tanto del problema de la Verdad, cuando es más importante plantear el problema de la mentira” (página 84)

Y es que la Verdad no es problema, con la Verdad lo único que hay que hacer, como está en la noción antigua de Diálogo, es dejar que fluya, dejar que nos convoque, nos congregue. El problema es con la mentira, la mentira en cambio separa, aísla, incomunica, debilita. Esto Jorge lo entiende muy bien. Tal vez por esto, es que voy a citar algo que está en la página 55, dice uno de sus personajes femeninos: “El día que no celebremos, que no haya fiesta, que no haya amigos, que no haya niños en la escuela, ese día mejor que nos maten nomás, porque ya nos habremos ido de nuestra tierra, ya no tendremos alma ni pasado”.

En esta perspectiva, que es la de los hombres de la tierra, en la metáfora que Jorge emplea, la riqueza y la pobreza se entienden de otra manera. No es rico aquel que acumula recursos, puede ser pobre. Más bien, se entiende en otros términos, que la riqueza o la pobreza tienen que ver con “tener amigos” o con el aislamiento. El que tiene amigos, ése es el hombre rico, el que tiene ojalá millones de amigos, como diría Roberto Carlos. El pobre es el que está solito, como en quechua “wakcha”, nadie repara en él, aunque tenga bienes, es un “pobrecito”, nadie lo ve, por ahí como en un huayno “sin padre, sin madre, sin un perro que me ladre”, ni el perro lo nota, tiene una condición fantasmal, carece de densidad ontológica, como se diría en filosofía. En fin, aquí este personaje de Cascabel entiende aquello y por eso convoca a la solidaridad, a la fiesta, a la celebración compartida.

Y esta convocatoria, es amplísima, más adelante hay cónclave de monstruos, todos los censurados por el “supremo ojo del poder”, como dice Jorge mismo. Y los textos y las canciones hacen visibles una serie de personajes: maría Huamán, Juan Mamani, etcétera, que somos todos nosotros. Nos reconocemos en estos personajes. Quisiera citar algo que parece en la página 74 bajo el título “Sorpresa irrevocable”, dice en tono testimonial: “Te besé y sorpresivamente el mundo se congeló alrededor nuestro, se hizo un SILENCIO mayúsculo en el bar”, seguro está hablando de un tipo de silencio muy íntimo, porque en el bar la bulla debe continuar, pero para quien esto experimenta, se ha hecho un silencio mayor, y dice: “Ese beso fue una sorpresa irrevocable. Y así fue que entendí perfectamente a qué sabe una Revolución”. Quisiera hacer notar esto último, me parece muy interesante que no encuentre mejor elemento de comparación de una revolución, que un beso.

Y este silencio que une, la sorpresa que trae consigo, nos dice que la revoluciones entonces deben ser sorpresivas, no algo pronosticable en función de las inexorables leyes de la historia o de Marx, como alguna gente ha creído. La revolución tiene que ver con lo que nos sorprende, con una suerte de  brecha en el tiempo, parece ser que aquí que hay algo de lo del tiempo mesiánico que habla Walter Benjamín, “Y así fue que entendí perfectamente a qué sabe una Revolución”. Y de hecho, algo hay también de esto cuando en la página 79 dice: “Fue una noche auténticamente revolucionaria”, refiriéndose a un encuentro en los Barrios Altos entre los hermanos Lévano, Mariátegui, Pinglo y varios otros. ¡Ahí había una revolución! Eso me parece interesante. Es decir, yo entiendo que lo que Jorge nos está comunicando, es que la revolución nos es algo que haya que situar en el futuro y por el cual incluso haya que sacrificar este presente. ¡No! ¡La revolución puede ser esto mismo, este mismo encuentro! Estamos viviendo otro mundo, hemos abierto una brecha en el tiempo y eso efectivamente tiene un sentido ritual de gran alcance.

Me parece que los textos de Jorge que tienen también diferente formato, especialmente “Tres aprendizajes sobre la madre tierra”, nos invitan a replantearnos muchas cosas, hablo en plural porque me estoy refiriendo a quienes adherimos a una tradición de izquierdas, por ejemplo, decir “de izquierda” era sinónimo de “progresista”, sin embargo, Jorge Millones aquí somete a una crítica implacable el mito del progreso, o por ejemplo, estar resemantizando la noción de revolución.

Termino volviendo más bien a los epígrafes, y dice el de Manuel Scorza: “Una revolución que sólo es una revolución, no es una revolución”. Y finalmente, Túpac Catari citado al final y muy bien puesto: “Volveré y seré millones”.

Gracias a Jorge Millones y a ustedes también por este momento.

Zenón Depaz

Zenón Depaz