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Cuando la guitarra se vuelve un fusil

Román Helí Paredes

Si la guitarra fuese un fusil, Jorge, en este disco, dispara contra todas aquellas personas cuyos actos son egoístas, avariciosos y prepotentes, contra las autoridades que asesinan, roban y empobrecen al pueblo; pero especialmente, contra aquellos que llamándose luchadores sociales, de izquierda, se comportan igual que aquellos buitres o simplemente se contentan con quedarse sentados en sus cómodos sillones de terciopelo, atreviéndose a criticar a los que sí están día a día en la lucha. Así nos encontramos con canciones como Miseria del oportunismo, donde nos habla de gente que ‘nunca pierde porque pueden vestirse de cualquier color. Porque gane quien gane comerán mejor. Domésticos rebeldes de ocasión. Anarcos militantes del confort’. ¿Les suena conocido? Estoy seguro que cada uno de nosotros conoce a uno así, por lo menos, aunque lo más probable es que estemos rodeados de ellos. Jorge abre los ojos, los reconoce y los señala. Su fusil es la guitarra y sabe que a veces es necesario disparar. La crítica se trata de eso: a algunos les saca sonrisa y los llena de orgullo; a otros les causa pánico y los hace correr a esconderse como chacales en sus madrigueras.

No obstante, Jorge no solo se queda ahí, también, critica las formas políticas, las estructuras económicas, sociales y religiosas de nuestro país. En ese sentido, se vuelve un excelente discípulo de Nietzsche y mata, una vez más, al Dios de nuestra época, alzando así un llamado urgente a la necesidad de la creación de nuevos valores o a la revalorización de aquellos que, con el tiempo y la indiferencia, se han venido a menos. Esto podemos sentirlo en canciones como Breve estudio sobre la miseria, donde nos dice que ‘nacemos con la herida, la manzana o la propiedad privada’. Para el trovador, queda claro que si bien para la religión la manzana es el máximo símbolo del pecado del hombre, para él este pecado se traduce en el gran mal que nos asola desde hace cientos de años: la propiedad privada, expresión máxima del egoísmo. O en la canción que da título a este disco, Crítica a la miseria pura, donde nos dice que en este país que recorremos a diario existe una triste mueca en medio del muladar como una sonrisa de un niño sin hogar, una  madre que empuja una carretilla sin cesar mientras en las oficinas se habla de modernidad. Nos exige, así, que abramos los ojos, que no veamos solo lo que queremos ver o hagamos la vista hacia un lado, al que nos parezca más cómodo aceptar. Nos dice que el progreso de un país no se mide solamente por el crecimiento del PBI del que tanto alardean ciertos economistas, sino a través de las necesidades básicas resueltas, a través de una economía a escala humana.

Sin embargo, lo más espectacular del disco es la manera cómo Jorge conjuga la filosofía con la música y la traduce a un lenguaje popular. Esto se nota claramente a través de canciones como Cavilaciones Nietzscheanas donde nos presenta a un Nietzsche de barrio, al alcance de todos nosotros, y a la filosofía como una suma de barrios ‘faite’ en constante disputa donde si uno se sumerge, no pierde nada, todo lo contrario, sale ganando una visión más amplia y crítica de la sociedad moderna. Esta canción es, sobre todo, una invitación a perder el miedo a esas materias que mucha gente cree densas, pero que a través de lo lúdico, pueden volverse sumamente satisfactorias, divertidas y asequibles. Y lo lúdico también se puede sentir en canciones como A botar la basura, que a través del hip hop lanza una dura crítica a la clase política, los medios de comunicación y a la temporada de elecciones que ya se asoma (canción, que además, le da un toque más refrescante y juvenil, y que al estar ubicado al final del disco puede significar, para algunos, un suspiro de relajo luego de tanta filosofía musicalizada).

Por último, es importante resaltar que Jorge, también nos habla del amor, palabra que está involucrada a través de todo su trabajo (el de este disco y el de los anteriores). Pero esto se hace más evidente en canciones como Valor agregado, donde, otra vez, nos encontramos ante la apropiación de términos académicos, esta vez de materia económica, para hacernos entender lo que quiere trasmitirnos. El mundo occidental de hoy, en el que vivimos inmersos, es una constante carrera por quien llega primero o más arriba. Para poder lograr esto, nos enseñan a diario que no importa qué hagamos para lograrlo o qué dejemos de lado, con tal de que lleguemos al objetivo. Jorge, nos señala que hay otro camino, uno distinto al que nos cuentan día a día y que ese camino al final nos dará la recompensa, el valor agregado, de haber entendido que hay cosas invaluables en el día a día que constantemente nos perdemos por estar ensimismados en esa frívola carrera. Hay que detenerse para pensar, pero sobre todo para observar.

Así llegamos a la conclusión de que, como en toda buena crítica, Jorge no tiene reparos en decir su verdad y que cada canción está sustentada en argumentos sólidos. Jorge, sabe de lo que habla y logra, de manera auténtica, vincular el saber popular, la música y la literatura, con la filosofía, madre del pensamiento crítico. Una apuesta arriesgada, pero que trabajada con maestría da resultados interesantes como este disco. ¿Qué nos tendrá preparado para después Jorge Millones? No lo sabemos, pero estoy seguro que siempre podremos encontrar aquella dosis de frescura, crítica y poesía, que caracteriza a la buena trova.